Lleno absoluto, incluso en las localidades sin visión.

3 entreactos y 4 horas en total de duración para una AIDA que, no hay duda alguna, era la vedette del programa anual.

Mis tradicionales problemas operísticos han, como siempre, dificultado el disfrute total del primer acto, pero el efectista segundo acto (un auténtico lujo escénico) ha sido plenamente gozado gracias no sólo a la escenografía y propia obra, sino a los reconstituyentes efectos de una chapatita jamonera y la cafeína chisposa servida en el entreacto.

Una vez desletargado pues, hay que decir que el segundo acto hace que uno (aprendiz de aficionado operístico) pueda reconciliarse con la ópera y que el tercer y cuarto actos me hayan parecido bastante correctos en todos los sentidos.

Sin embargo, cómo se nota que la diferencia de opiniones respecto de aquéllos que saben más. En este sentido, una críticas bastante más duras sobre la representación, aquí.

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