Que la caza existe y es muy popular (segundo “deporte” con más licencias en España después del fútbol), es innegable. Que el entorno rural y el urbano difieren, también. Y que determinadas castas clases sociales tengan mayor afición a ello que otras, seguramente es asimismo cierto. De ahí que el tratamiento que se le está dando(*) a un accidente no siempre sea el más justo.

Ello no ha sido óbice, sino todo lo contrario para que hoy se haya difundido por la red Alerta una alarma de consumo (previa a los hechos) sobre un juguete denominado “Super Cazador”. Quizás sea una demostración de que “caza” (y “armas”) e “infancia”, actualmente, no deberían ser palabras tan fácilmente unibles.

 super cazador

(*) Respecto del trato, claramente inadecuado pero algo divertido, dado al tema, algunos ejemplos:

  • "¿Quién ganaría una carrera entre Froilán y Urdangarín? Froilán, porque se pilla antes a un mentiroso que a un cojo"
  • "Papá, ¿te puedo contar un secreto? Claro Froilán, dispara"
  • "Froilán tuvo su primer gatillazo a los 13 años".
  • “La prima de riesgo, el tabaco, la gasolina, Froilán... ¡todo se dispara!".
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