Diario “El País” de hoy, página 26. Quizás haya esperanza.
Un buen procurador es un tesoro, un técnico y compañero experto en derecho procesal que, cuando se encuentra, merece toda la fidelidad de un letrado.
Sin embargo, su carácter obligatorio y meramente instrumental, el hecho de que el pago de sus servicios sea casi siempre instrumentalizado a través de nosotros (con el consiguiente desgaste para el abogado de “pedir dinero” para el procurador y otros [como notario, etc.]), hace que sea partidario de la progresiva desaparición de su obligatoriedad, por mucho que ello incrementará la competencia (pues muchos pasarán a ejercer como abogados).
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