Conozco relativamente bien la industria farmacéutica. He trabajado en algunos momentos puntuales con ella y tengo una relación incluso casi familiar con la misma.

Sin embargo, como casi cualquier otro sector, es un ámbito con demasiados claroscuros, con demasiadas verdades a medias y con bastante que ocultar. Una lástima, porque hay excelentes profesionales haciendo una ingente tarea de informar y “actualizar” a médicos y personal sanitario ante la poca atención dada a ello por la administración.

Sin embargo, el artículo que aparece hoy en “El Periódico", página 8, realizado por el Director del Departamento Técnico de Farmaindustria con el ¿obsceno? título de “Doctor, recéteme mi marca” es una muestra de lo que realmente se pretende por el sector: que sea el paciente quien le diga al médico qué es lo que “le va bien”.

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¿Cómo es que, desde el 1 de noviembre, “la inmensa mayoría de medicamentos
de marca cuestan lo mismo que los productos genéricos
”? –dice sin ruborizarse- Y antes, ¿por qué no bajaron? Y si los precios fijados por los genéricos bajan el año que viene un 25%, ¿qué harán sus equivalentes “de marca”?

Sus conclusiones -párrafo final- son claras: “el paciente que prefiera la marca ha de poder exigir la marca y tiene derecho a que se la sigan recetando y dispensando”.

Y las mías, también: ¡bajen precios de los medicamentos genéricos! ¡Mucho!… que los hay que siguen ganando demasiado dinero y lo van pregonando por ahí.


(Imagen adoptada de aquí)

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