La presente efeméride es una de mis preferidas, sobre la que desearía estar mejor documentado en este momento para escribir el presente post con mayor precisión.

A modo de gran resumen, indicar que un 25 de julio de 1854,dada la gravísima conflictividad laboral (con incendios de varias fábricas) en Barcelona que generó el "maquinismo" y que se ejemplificó en las selfactinas (unas máquinas de hilar y tejer que remplazaban gran número de trabajadores), se llegó a conseguir que el gobernador civil (Madoz?) las prohibiera (creo que prohibió "el último modelo", permitiendo el inmediatamente anterior).

Aunque está claro que el entorno social-político-histórico era bastante diferente (bienio progresista, luchas entre el poder civil-militar, etc.) es un episodio creo de gran interés histórico y de reflexión para el futuro, habida cuenta la que intuyo futura regulación masiva (más silenciosa/silenciada) laboral que se avecina.

Y una perla publicada por BARCELÓ, J. en el Diario de Barcelona, 4 de agosto de 1854

“Muy sensible nos es a nosotros, trabajadores, tener que tomar la pluma para contestar a hombres que ganan dinero sentados en un bufete... y que no temen se invente una máquina para hacer escritos que es el trabajo de los señores abogados...Pero como usted, señor Figuerola, abogado, no teme que llegue el genio del hombre a inventar una máquina que no le dejaría a usted hacer su oficio, por eso ataca a los pobres trabajadores porque piden la prohibición de infernales máquinas selfactinas que ya les han dejado sin oficio y sin medios para poder ganar honradamente su subsistencia y la de su familia...Si el gobierno tuviese las ideas de usted, pondría los cañones por las calles, ametrallándonos para acabar con los trabajadores, porque sobrarían ya en la sociedad; porque los fabricantes con niños, podrían hacer funcionar las selfactinas, y cuando fuesen hombres sufrir la suerte desgraciada de sus padres. Lo que usted quiere y desea es la destrucción de la industria, como buen librecambista, y nosotros la defenderemos en contra de todos los que tienen las ideas de usted...Concluyamos diciendo a usted, señor Figuerola, que nosotros trabajamos doce horas y media al día, y que de las máquinas no salen letras, sino hilo; que nuestros padres a los seis años nos metieron al trabajo, y por consecuencia no tenemos instrucción, que usted tiene tiempo y ha podido instruirse, porque sus padres le han dado la carrera de abogado...”.
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