Los Simpsons están en todas partes. En la televisión española, sólo en Antena 3, se han ofrecido 371 capítulos diferentes que, repetidos, totalizan aproximadamente unas 6.300 emisiones. Algunos episodios se han repetido unas 30 veces sin que a la audiencia parezca importarle.

Además de todo tipo de merchandising (yo mismo tengo en mi despacho una figura de Lionel Hutz, el peculiar abogado de la serie), se acaba de estrenar la primera de sus películas (ya que seguro que habrán más).

En mi viaje a Madrid, observé esta original iconografía simpsoniana para promocionar la película, aspecto que consideré de merecido reflejo himajinario.

Lo curioso de los Simpsons es que debería ser una serie de culto, para adultos y que no debería responder a un perfil mayoritario de la audiencia. Pero en España se ha programado en horario infantil y al mediodía y nos encontramos con el paranormal fenómeno de que es una de las series preferidas de los niños de 8 años.

Téngase en cuenta que esa misma audiencia es la que veía Steve Urkel, o el Príncipe de Bel Air, luego una gran parte de su éxito masificado en España se encuentra en la hora de emisión y el escaso atractivo de las otras ofertas televisivas, y no lamentablemente al buen gusto de la audiencia, tal y como lo demuestran los restantes programas que aparecen en las listas de los más vistos.
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