Había previsto una llegada al hotel tardía (pasada medianoche) y, para evitar problemas, así lo había emailado a los responsables del mismo.

También tenía previsto el desplazamiento vía autobús nocturno N61, llegada a la estación central y, desde allá, apenas unos minutos de camino hasta el hotel (Google maps es realmente útil).

Lo que no tenía previsto era aterrizar pasadas las tres de la madrugada, encontrarme un aeropuerto zombi y tener que, finalmente, coger un sombrío taxi eslovaco para poder llegar a un hotel en un estado de duermevela poco acorde con el significado de la palabra vacaciones.

Al final, al menos, llegada al hotel (menos mal que, como casi siempre, no se había embarcado maleta alguna, creo que aún las estaría esperando), sin problemas con la reserva y con una conexión wifi de pago (!!!) que me permite, antes de quedarme frito, enviar este par de crónicas himajinarias y actualizar mi situación via twitter.

Mañana...esto... de aquí unas horas, más.

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