Casi toda mi vida (la que yo recuerdo) he sido un ávido usuario de las bibliotecas.
Además de las escolares (las propias tanto de San Pedro Claver como de Escolapios), en mi época preuniversitaria fui un asiduo tanto a una biblioteca de La Caixa situada al inicio de la Ronda de Sant Antonio (frente als tres tombs), como de la Biblioteca de la Santa Creu y la Nacional de Catalunya (¡qué recuerdos!)
Durante la Universidad, las Bibliotecas de la Pompeu Fabra formaban parte de mi hábitat natural, creando una dependencia que poco a poco fui superando gracias a la función sustitutiva que hizo la Biblioteca municipal del Poble Sec.
Desde hace un año o así, salvo para cuestiones profesionales (dónde la necesidad de documentación me ha llevado incluso a bibliotecas extranjeras), o alguna esporádica visita a la del Ateneu Barcelonés (del que soy socio) no me había vuelto a incorporar como miembro activo de ninguna biblioteca.
Pues bien, hace dos días renové mi carné bibliotecario/municipal en la biblioteca que queda más próxima (realmente no demasiado lejos) del piso. ¡Y estoy encantado! Vuelvo a disponer de la opción de leer algunos libros que pensaba incorporar a la lista de Reyes Magos y que ahora dejan unos interesantes espacios que ya veremos con qué reemplazaremos (además del consabido carbón por esa maldad tan propia -parece- de mi).
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