Hoy celebramos el Día Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Económico y Social.

La Asamblea General de la ONU invitó a los gobiernos a celebrar todos los años el 5 de diciembre, un día Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Económico y Social y los animó a adoptar medidas para dar a conocer mejor la importante contribución de los voluntarios, con el ánimo de que sirva de estímulo a más personas de toda condición a ofrecer sus servicios como voluntarios, tanto en sus países de origen como en el extranjero (resolución 40/212, de 17 de diciembre de 1985).

El fenómeno del voluntariado es, sin duda, digno de estudio y, en mi modesta opinión, un claro reflejo del progreso social. Organizaciones como Cruz Roja cuentan en España con más de 160.000 voluntarios y voluntarias activos. Y existen otras muchísimas entidades que cuentan con el respaldo y soporte del voluntariado.

Como siempre, sin embargo, también existen sus elementos polémicos. Algunos de los más importantes son, por ejemplo, la atención mediante voluntariado de servicios realmente básicos o casi imprescindibles (guardias forestales voluntarios, víctimas demasiadas veces de incendios y accidentes) o el abuso al que, ocasionalmente, algunas entidades someten a quienes con ilusión ofrecen uno de los bienes más preciados, su tiempo.

En cualquier caso, vaya este post dedicado a todos aquellos que siguen estando ahí por esas cosas tan étereas que son los ideales (incluyendo los pompeufabrianos).

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